Presentación de Psicopedagogía para todos

Presentación de Psicopedagogía para todos
Presentación Multimedial

miércoles, 14 de marzo de 2012

La ñata contra el vidrio



*Por la Lic. Susana Riva Ripetti

La desnutrición, la que tenemos dentro del ejido municipal de Córdoba, la que es consecuencia de generaciones con mala alimentación, produce una discapacidad difícil y casi imperceptible de ver. ¿Qué pasa cuando la discapacidad no es tan sencilla de diagnosticar? ¿Qué pasa cuando una mamá no tiene todos los recursos para entender y ejercer los derechos de su hijo?
Durante los últimos años, por suerte, las integraciones escolares han sido una puerta abierta a transitar la escolaridad común para muchos sujetos con necesidades educativas especiales con posibilidades de inclusión educativa. Las leyes y resoluciones tanto nacionales como provinciales han ido delimitando un encuadre que favorece, a partir del sostén económico de las obras sociales, que estos procesos de integración escolar puedan llevarse a cabo. Sin embargo, y como siempre sucede, algunos quedan por fuera.
Acceder a esta posibilidad de desarrollo cognitivo y social dentro de una escuela común requiere un paso importante: tramitar el certificado de discapacidad.
Tarea engorrosa pero posible para los padres de niños con alguna discapacidad mental diagnosticada por un médico neurólogo y registrada en un manual llamado DSM IV[1]. A partir de allí se habilita la cobertura de diferentes tratamientos, entre los que se encuentra el proceso de integración escolar, si las posibilidades cognitivas y sociales del niño ameritan su ingreso a la escolaridad común, o la garantía de permanencia en una institución educativa especial acorde a sus posibilidades.
¿Qué pasa cuando la discapacidad no es tan sencilla de diagnosticar? ¿Qué pasa cuando una mamá no tiene todos los recursos para entender y ejercer los derechos de su hijo?
La desnutrición, la que tenemos dentro del ejido municipal de Córdoba, la que es consecuencia de generaciones con mala alimentación, produce una discapacidad difícil y casi imperceptible de diagnosticar. Por lo que acceder al certificado es una tarea casi imposible.
Un niño que ha sufrido desnutrición fetal porque su madre es a su vez desnutrida, posiblemente presente en su infancia disfunciones en los dispositivos básicos de aprendizaje[2] que le impedirán lograr la adquisición de competencias curriculares para lograr los objetivos de los primeros años de la escolaridad común[3]. Ese mismo niño, que en general no se puede mantener quieto y atento, dentro de un proceso de integración escolar con acceso a adecuaciones curriculares,[4] podría adquirir (como lo hace cualquier niño integrado) algunos conocimientos dentro de sus tiempos y posibilidades.
Los niños criados en lo que llamamos “villas”, educados en la necesidad de recurrir a innumerables alternativas para sortear las dificultades que viven día a día, aprenden a resolver algunas situaciones compensando las carencias con estrategias sociales: son amigables, les gusta charlar, son afectuosos, saben pedir y piden sin vergüenza.
Esta combinación de discapacidad imperceptible y estrategia de compensación social, sumado al prejuicio instalado que las madres de las comunidades urbano marginales tramitan el certificado de discapacidad para acceder a los beneficios económicos de un subsidio (como si tener un hijo discapacitado fuera una bendición) y tamizado con la imposibilidad de una madre de comprender la dificultad de su hijo y de ejercer sus derechos, suele generar la negativa al certificado de discapacidad y la dejadez de la insistencia necesaria para que el trámite (que les habilita la posibilidad de permanecer en el sistema educativo) se haga efectivo.
Leandro es un niño simpático, amigable y cariñoso, es de esos niños que saben compensar sus carencias con habilidades sociales. Él siempre busca la forma de dejar conformes a los adultos y de quedar bien con sus maestras, es el alumno querido de la clase. Nació en la ex villa km 8 actualmente reubicada en el barrio Chingolo III. Es el segundo hijo de Brenda, una mamá con historia de violencia familiar desde su infancia. Fue abandonada por su marido luego de nacer su cuarto hijo. Ingresó a Casa Macuca[5] casi sin recursos (y no me refiero sólo a lo económico) y con todo su grupo familiar desnutrido. Desde hace años acompañamos el proceso de empoderamiento[6] de Brenda sobre su realidad. Estimulamos a Leandro y sus hermanos en todas las áreas posibles. A pesar de todos los esfuerzos y logros de Brenda respecto del mejoramiento de su condición personal, económica y social, la desnutrición afectó las posibilidades cognitivas de Leandro. A pesar de todos los recursos implementados, a pesar de poder hoy visualizar algunos logros en sus aprendizajes, en los últimos cuatro años Leandro ha cursado 3 veces 1º y una vez 2º grado en la escuela pública del barrio. No alcanzó los objetivos para pasar a 3º grado aunque la maestra y la directora quisieran. Ya no puede repetir por la diferencia de edad con sus compañeros. No está en condiciones de avanzar, no está en condiciones de permanecer, no accede a un certificado de discapacidad…
Rechazados de las escuelas especiales por tener demasiados recursos cognitivos, expulsados de las escuelas comunes por dificultades de aprendizaje sin posibilidad de integración escolar. Estos niños, porque Leandro es sólo uno de los tantos, se quedan sin el pan y sin la torta.
Pertenecer a una institución educativa no sólo es un derecho sino también la posibilidad de acceso a innumerables beneficios y cuando me refiero a beneficios no estoy hablando solamente de cuestiones asistenciales y sociales sino por sobre todo morales que implican sentirse parte útil y activa de esta estructura social.
Leandro permanecerá un tiempo con la ñata contra el vidrio viendo como sus compañeros siguen avanzando y luego… ¿Qué le deparará el destino? Quizás, en el mejor de los casos venderá CD, lapiceras o gomitas en un colectivo, o se parará a hacer malabares en el semáforo de la ruta o sacará músculos como su mamá trabajando en un cortadero de ladrillos y cuando ello suceda ¿Todos los que trabajamos en Casa Macuca quedaremos con la ñata contra el vidrio viendo como su historia sucede sin poder, ni desde lo legal ni desde lo afectivo, ofrecerle otra alternativa?
La discapacidad por desnutrición es, por lo menos para mí, la más cruel ya que su causa no es congénita, ni hereditaria, ni azarosa, es SOCIAL Y EVITABLE. Es consecuencia no sólo de una sucesión de gobiernos incapaces de sostener los derechos y la dignidad de sus pueblos sino también de cada una de nuestras acciones individuales como miembros responsables de la estructura social que elegimos construir.
*Lic. Susana Riva Repetti
Psicopedagoga MP 12 1604
Coord. Programa Crecer Juntos
Casa Macuca - Córdoba


 Facilitadora de los cursos :"
El maestro integrador"y "Tengo un alumno ingregrado en el aula".


[2] Motivación, atención, senso-percepción, memoria, habituación, funciones cerebrales superiores, equilibrio emocional, actividad nerviosa superior y capacidad de trabajo.
[3] Los Núcleos de Aprendizaje Prioritario NAP dispuestos por el Ministerio de Educación de la Nación para cada instancia de la escolaridad como indispensables de adquirir para acreditar el año cursado y poder acceder al siguiente.
[4] Según resolución Nº 1114 Adaptaciones curriculares son las modificaciones necesarias para encauzar los aprendizajes de los alumnos con N.E.E.
[5] Casa Macuca desarrolla proyectos de prevención de desnutrición infantil, actividades recreativas y deportivas para más de 140 niños, atención a niños con parálisis cerebral, micro emprendimientos cooperativos, formación de agentes de cambio con eje en temas de salud, identidad y justicia, espacios de aprendizaje escolar psicopedagógico, talleres de contención y aprendizaje para madres adolescentes y cuenta con un jardín materno infantil. Todas las actividades son realizadas por profesionales de manera interdisciplinaria y también en conjunto con otras instituciones.
[6] El concepto de empoderamiento tiene su origen en la educación popular de Paulo Freire y su desarrollo teórico está unido al análisis de género. El término se aplica a todos los grupos vulnerables, pero donde ha encontrado más eco ha sido en relación con las mujeres. Su aplicación fue propuesta por primera vez a mediados de los 80 por una red de grupos de mujeres e investigadoras del Sur y del Norte, para referirse al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos (materiales y simbólicos) y refuerzan sus capacidades y protagonismo en todos los ámbitos. Brizas Audigen 2010.


 
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